miércoles, 12 de diciembre de 2012

Más que palabras




Empiezo a pensar, no sin cierto terror, en como mi vida va raspando el suelo de forma tan seguida los últimos tiempos. Yo ya no hablo de hábitos que hacen al monje, ni de vidas en sueño, sólo se que yo soy el verdadero cámara y a la vez suicida en esta historia. Suicida porque la imaginación rompe los diques y anega cada espacio, cada vacío, cada grito, cada página y cada insecto. No quedan puertas por abrir, no en esta dirección.

A partir de aquí no se si me esperan arcos en el cielo que atravesar. No se si el camino lo marcará una sonrisa entre los robles y entre las hojas que se desploman en su último baile. No se si será en el momento en el que las primeras puñaladas del día se precipitan contra la esfera de la que he de despertar. Sintiéndolo muy dentro, ya no valen las mudas, ya no valen las pausas ni los puntos. Se acabaron los sueños que resbalan de mis palabras sin que afloren en verdad mis emociones. Ya no me valen martillos en cuadrados que dicen ser mi pensar. Ya no valgo, no aquella parte de mi que se encapricha de este dolor fingido en la soledad del que cava su trinchera mientras corren gotas de escarcha por su frente descubierta.

Necesito arder en la niebla. Necesito trepar por mis laberintos. Necesito reconciliarme con la parte de mi que me hizo bestia. Reventar mis dedos en lazos. Atravesar las miradas con mis manos y palpar la arena dorada. Inventarme en un más. Herirme al ver nacer. Extasiarme en esta libertad de verme preso y dejar de sentir.

Ya que no hacen más que errar mis poemas, cuando hablan de mi.

lunes, 29 de octubre de 2012

Acelero




Vamos a decir que sí que tuvo sentido todo aquel esquivar de clavos para buscarte las costillas. Vamos a pensarlo aunque solo sea un segundo escurridizo entre las horas torcidas. Probablemente tuvo que ver con la pared que intentaba reventar a cabezazos. Apenas arañada. Tuvo que ver con eso. Con intentar arrancarle esbozos, a un trozo de papel. Intentar arrancarla.

Y luego llego aquí, y me pongo la capa que me embriaga por dentro y se condensa por fuera. Supongo que no me respeté lo suficiente como para hacerme respetar, por querer hacer como si no pasara nada, como si no me hubiera llevado el huracán. Y agarrarme con fuerza al suelo. Briznas de hierba resbalan entre mis dedos, pero es solo un momento, porque vuelvo a estar aquí. Sintiendo el norte nacer.

Convine un pacto amistoso con mi destino. Con vino cerramos el pacto, y convivo siguiendo mis pasos. Ciertamente no supe escuchar tu canto de marcha antes de llegar. Cierro mi espacio para que no vuelvas a entrar y ojalá que caminen tus sueños más allá de mi realidad.


lunes, 15 de octubre de 2012

Afilando soy




¿Por qué?
La verdad ni lo sueño, simplemente brota rozando mis paredes, acartonando la realidad.
No intento forzarlo ni creo más allá de lo poco que sumo de la nada que invento.
No sangro del vértice de ninguna ola, y tampoco existe bajo el espeso esperar.
No aparezco, cuchillo entre los dientes arrancando un pedazo de cielo, de sombra.
No aplauden rabiando sarnas, ni sueño con acantilados.
Ni creo montañas a las que encaramar mentes de altares en plazas.
Ni nada.

Solo siento que necesito vivir de estos bajos hornos que me susurran suspiros sumergidos.
Solo recreo aquel patio inacabado, hambriento de baldosas.
Solo cambio mi forma antes de aparecer desnudo ante mi.

Solo me sorprendo por el extraño reflejo de la madera blanca al arder, conmigo dentro.
Solo creer que nazco en un gris hedor a no ser, reflejado en algún lomo de raro acento.

Que no me entiendan. Para qué. Si esto se diluye en la gota de un sudor que nunca existirá.
Que no me sientan. Para qué. Si esto es el raro esbozo de la linea de mis pies.
Mejor que no me vean, que solamente estoy detrás de lo que nunca existirá.




martes, 18 de septiembre de 2012

Sin costillas
















Serviría solo son sorber, pero no tendría sentido.
Había arrancado a dentelladas, hasta el último latido.
Cubriría sus rodillas.

                              Pero no serviría.
Porque había marchado sin luz, el alud.
Enterrado, en lo más hondo encerrado.
Donde la esperanza inventa destrozos.


Por llegar tarde.
Tarde a la primavera que inventa saetas.
Tarde al sudor que baña sus poros.
Tarde a la mirada empañada.

                              Y subió.
Subió a la atalaya del severo atardecer.
Acarició los últimos rayos escupidos.
Se lanzó al pozo huracanado del aire vacío.

No cerró la puerta al caer.






lunes, 3 de septiembre de 2012

Rompiendo estrellas



No lo se. Ha pasado tanto tiempo que quizás olvide andar sin rozar el suelo, hablar sin atravesar cristales y sentir sin salir de dentro. Volveré a arañar los teclados en busca de alguna palabra que desgarre silencios de dentro, sin salir.

Una vez más vuelvo a ser un poco menos, y le pido la cuenta a los de alrededor por aquel suculento plato que pedí para cenar, y volvía a dejar a la deriva de esta historia caprichosa, sin maldad. Que paguen ellos. Pagando yo.

Me quedo otra vez dándole vueltas al mundo, como si sirviera de algo todo esto, como si fuera una fuga planeada a ninguna parte, como si volviera a chocar conmigo mismo. Que ya no me puedo dar cuerda. No por esta vez.

Que sí, joder, que hay un mundo ahí fuera para salir comérselo, pero me voy a volver a llevar la dentellada. Que sí, joder, que soy afortunado y todas esas locuras de los alegres desaforados y desencorchados, que no lo niego, pero prefiero la sombra de detrás de la piedra.

Parecía bonito eso del artista, parecía bonito eso de ser feliz, pero descubro con desagradable sorpresa, que la sonrisa se me quedó enganchada el otro día, en una foto del ayer, en una foto del jardín.


miércoles, 4 de julio de 2012

Ríos sentidos




Se le clavó la mirada del búho al anochecer, y le desgarró el cajón de los sentimientos. El río salió de su cauce para arrastrar el polvo de estrellas desprendido, tiñendo las aguas de un rojo intenso, de un rojo susurro, del rojo de sus labios.

Solía maldecir su espíritu de trote cansino y mirada curiosa pero inocente. Solía esconderlo bajo cerraduras oxidadas y lo eclipsaba con el murmullo de los pájaros cuando huyen al sur, a África, buscándole un final a este planeta de plata.

Tenía las manos amoratadas de rozar las mismas zarzas. Tenía los tobillos lastimados de pisar las mismas piedras. Tenía atragantada la mirada espinosa de aquel primero de Abril. La tenía dentro.

Había escupido al horizonte para que no inventara más amaneceres. Había tachado los días de aquel calendario. Se había disfrazado de azul olvido. Pero siempre aparecía, siempre, al torcer la esquina de la indiferencia.

Dibujó un florero sin ilusión. Le arrancó las uñas al pincel. Se hizo un lavado de estómago, y las últimas mariposas que se hospedaban en él, cayeron mansamente en la hoja, en forma de versos.

Esperando que al anochecer, el búho le vuelva a clavar la mirada, con mejor suerte la próxima vez…




lunes, 11 de junio de 2012

Sueños caídos



A veces se preguntaba de qué color tejería los sueños la madrugada, y que pisadas del camino le harían despeñar. Se incorporó sin aire, e intentó respirar el último aliento de luna. Posado al borde de su cama, empezó a soñar que soñaba.

Soñaba con las mieles de una luz de sol acariciando su barbilla. Soñaba el cielo claro bañado en redes de tenues nubes que solo se acercaban a visitar. Soñaba con acariciar aquellos campos de centeno, acariciando sus tobillos y sus muñecas, bailando al ritmo de canciones del viento. Soñaba con descolgar los luceros de la noche y hacer brillar aquel mundo de muchos brazos y mentiras en paño. Soñaba y sonaba a tormenta alborotada.

Mientras, en la bola de cristal, los que no saben seguían creando aquel mundo artificial. Nieve semi-brillante y sonrisas semi-mortecinas embadurnaban las calles de aquel extraño olor a olvido. La gente, convertida en masa, se jugaba la vida por morir en un río de pocos peces y muchas trampas. Aquellos pasos acompasados creaban terror. Aquellas almas con dueño. Aquel arco de doble dirección.

Siempre deseó haber vivido en sueño y cuando soñaba vivía a sorbos la vida. Siempre soñó con bajar, sólo unos segundos, su sueño a aquel mundo, pero nunca tuvo calzador...