domingo, 15 de abril de 2012

Ya no hay viento



Sigo paseando por las paredes de mi corazón, y le susurro canciones de pocas notas y nulas melodías. Camino tranquilo al ritmo de unos latidos que amenazan con empezar a olvidarte. Creo que el olvido es el mejor camino a estas alturas en las que correr detrás de un sueño supone volar a 20 metros bajo tierra y seguir tu estela que me empuja a acantilados de mucha poesía y pocas razones.

Supongo que me visto de la risa tonta que se me ponía aquellos primeros días. Supongo que aunque me creo sombra se me ve claro, puro y débil. Justo como intento evitar parecer. Como decirte que eras canela ardiente sin que parezca poesía de la basura. Como decirte que estas, estuviste y estarás, pero me rompo en mil piezas que intento reconstruir. Que soy todo menos yo y todo te lo llevas, aunque siempre me dejabas estos zapatos de papel. Sólo con ellos me creía el dulce viento de la madrugada, capaz de rozar tus labios. Después, dolor a manos llenas, a manos sucias, a manos sin piel.

Sospecho que cada palabra que escribo esconde bandadas de estorninos que amenazan con huir lejos de aquí y reventar los tímpanos de la soledad en alegre canto, pero no será hoy. No será hoy. Que me cansé de de ser la sonrisa de espantapájaro. Siguen mis pies clavados en esta tierra que me ata cual serpiente de extraño poder. Y aún así me creo estar huyendo. No se de qué. No se de quién.

Que no quiero más. Que se acabó. Llegó la hora de callar tus silencios y seguir buscándome en otro lugar. Creo que te dejaste una lágrima en la mesilla. Era de plástico. Plástico como el que envolvían tus versos. Plástico que envolvía tu corazón. Seguiremos viéndonos, pero no nos cruzaremos. Seguiré escribiendo este Adiós hasta que me lo crea. Serás feliz. Sin mí.




martes, 27 de marzo de 2012

Se me ha caído una ilusión



Esperando ser. Porque ya no hay objetivos. Cuando los persigo con la mirada cabalgan por horizontes púrpuras para alejarse por siempre, para dejarme este extraño sabor en las pupilas.
Todavía no se si ver el mundo de este modo es pecado. Si tiene sentido. Si se parece en una milésima parte al mirar de otra persona. Porque puede que esté ciego.

Sólo se que me cansa la velocidad en pausa. Que no le encuentro el azul a esta historia de más sombras que  palabras. No se si me explico. No se si quiero hacerlo. Aunque a veces quiera romper los puentes de plata y soplar la nube gris al otro lado del vacío.

Que no me encuentro. El viento juguetea entre los peldaños de esta escalera de caracol que tampoco llega a ningún sitio. Los zapatos inventan pisadas aunque no tengan suela. Las mariposas inventan suspiros porque no tienen alas.

No se despertar. Mis latidos dejaron de inventar canciones. No sueño ya con bañarme en aguas doradas. El rumor de las olas perdió su melodía. No se donde estoy.

Más allá del acantilado de estrellas, supongo. Más allá del agujero de luces. O sólo estoy delirando. O sólo son palabras que se arrastran por el camino de piedras. O sólo es el filo cortado de la luna que amenaza con regresar. Sólo sigue mis susurros la siniestra soledad...


lunes, 12 de marzo de 2012

A paso cortado



No creo que lo conozcas. Es ese lugar en el que me asombro una vez más, de lo absurdo e irreal que son el tiempo y la verdad.

La distancia. Los centímetros que se convierten en horas de paseos sin rumbo. Mi mirada que te busca y se pierde, cuando no te encuentra.

La luz. La que disipa las dudas y atonta a las fieras. Que susurra recuerdos y me escupe a la cara. Porque no hallo sentido, sigo entendiendo la tempestad que me aplasta, lejos.

Porque no me creerás cuando grito que me podría enamorar de cualquiera y cada uno de tus defectos, como ese gracioso movimiento de cabeza que te da cuando te persiguen los nervios. Ese estúpido momento que recojo con mis manos y lo hago florecer en mi cabeza una y otra vez. Ese momento es solo tuyo, mío y del silencio.

Por eso no te miento cuando digo que podría hacerte feliz. No se como haría para cambiar esta sábana siniestra que a veces me rodea y es más fuerte que yo. Pero lo haría, lo sé.
Estoy tan cerca y tan lejos que puedo oler el atardecer en flor de la primavera, tanto que me quemo en vida y revivo entre tus brazos.

Pero esto es sólo una canción, y tu solo me ves como el inútil escudero que entiende de amistades y de pocos corazones.

Pero esto es sólo una canción, y no brilla mi armadura porque sólo soy por dentro, y mi apariencia es de papel.
Se empaparán mis palabras en el agua del deshielo y las veré tiritar de miedo y agonía.
Arderán entre los hierbajos del que nunca entendió nada, ni de gritos ni silencios.
Y te voy a dejar marchar, porque me pesas en el alma y no consigo avanzar, en esta tarde nublada...





domingo, 4 de marzo de 2012

Caminos y rincones


Esos pedazos de vida que dedico a entender mi historia. Parar el mundo unos instantes e imbuirme en el rincón que se esconde a la sombra de la puerta de mi habitación. Ese lugar donde sólo suelen flotar livianas motas de polvo al ritmo de las olas que algún día surcaron mi alma. A veces, y sólo a veces crece alguna pequeña planta que alimento de esperanzas y palabras...pero nunca fui un buen jardinero.

 Algunas de ellas llegaron a ser más que mi vida y disecadas en curiosas historias, las enmarco y las recuerdo cuando me siento vacío. Suelo cuidarlas mejor una vez que ya se han ido, una vez que ya no sirve de nada. No debe ser mi luz la precisa para estas plantas. No deben ser las plantas adecuadas para mi luz.

 Puede que en palabras y pensamientos las recuerde como nunca fueron. Puede que sea exagerada mi obsesión por lo pasado, habiendo tanto camino por delante. Quizás confunda los amaneceres con la luz mortecina de la madrugada. Pero me encuentro cansado y perdido. Como si mis gritos fueran eclipsados por los fieros pitidos de un tren. Un tren sin raíles ni ruedas, sin luces ni asientos, sin conductor y sin vida...


domingo, 12 de febrero de 2012

En mi lado del espejo


Sueño a veces con haber encontrado tu mirada en el fondo de este cuadro, en el fondo de esta vida, pero no se si estas. Puede que tu creas estar aquí, pero te siento tan lejos que no entiendo tu mirada. Que no me hablas cuando callas todo ese torrente de ideas que aparcaste en algún rincón de tu corazón, templado y cansado, perdido en un mar de nubes.

Navegar por este pequeño mundo de muchas lunas llenas y algún que otro pedacito de sol. Navegar por tus  finos labios y hacerte explotar de felicidad cuando el viento congele tu mirada. Tenerte. Que seas mi luz otra vez y alumbres al fín mi camino que tirita por las noches.

Aunque solo fuera rozar tu pelo que inventa espirales de dulces colores. Saber que tu también necesitas una historia que te haga sentir un poco más la vida al pasar. Dímelo. Grítamelo suave, al oido, que solo retumbe mi alma al son de tus palabras y consiga despegar un poco las pezuñas de este mundo de tierra.

Huir de tu mano lejos, donde la mar no dibuje olas traicioneras y la mañana ilumine tu sonrisa. Que nada tenga sentido sin tenerte y desgarrarnos cada vez que nos digamos adiós. Sólo quiero eso, que juguemos y podamos sentir la arena fría y la suave hierba. Sólo quiero eso, que toques mi alma y te la lleves lejos, pues nada me queda aquí, en este orscuro lado del espejo...


viernes, 10 de febrero de 2012

Despegamos...



Había tropezado una vez más por este gélido camino que van creando mis pasos al caminar, pero para mi sorpresa, he vuelto con más fuerza. Supongo que con la fuerza del que ya se hizo insensible a las caídas, y comienza poco a poco a asumir su sitio en este mundo, a brillar sin miedo a que te miren, a gritar cuando el cuerpo te lo pide.

Todo gracias, también, a aprender que hombros quieren ser mi apoyo y cuales se apartarán al mínimo problema. Porque todo es camino y todo es aprender, y mirar más allá del susurro frío de la luna de mis noches. Romper la dura capa de hielo que separa las frías aguas, y poder respirar.

He podido apoyarme en las grandes plumas que algún día vivieron sus vidas, y te saben escuchar. Subirme a hombros de gigantes para poder entenderme. Rescatarme a mí mismo. Sacarme de la espiral. Seguir buscando en este mundo las historias que me hagan sonreír y perseguir mis sueños. Aunque a veces se me escapen entre las manos, como la leve bruma de la mañana, seguiré buscando.

Ser la luz, la huella, la historia. Atreverme una vez más a disfrutar, rompiendo en mil pedazos aquel frío cristal en el que me escondo. Que todo vuelva a tener el sentido que algún día quise olvidar. Arrancar la maldita venda que me apresa cuando huyo de ella y se alimenta de mis temores.

Correr, volar, vivir, nacer en el atardecer de atardeceres que me tocó vivir y sentir al fin...




miércoles, 18 de enero de 2012

Guantes rojos



A veces por tu vida pasan pequeñas historias. Debemos andar por esta avenida de la vida con los ojos bien abiertos, o las dejaremos escapar y que se pierdan en el baile ajetreado de sombras.

El otro día pasó a mi vera un crío. Uno como todos los demás, pero diferente. Siempre son diferentes. Dan el punto de alegría y de color. Una energía pura, distinta a las demás, que irradian con fuerza tremenda. Una sonrisa. Luz.

Y lo vi pasar, con una velocidad impropia de un ser canijo, con unas piernecillas que apenas se alzaban del suelo. Con sus preciosos guantes rojos y que yo guardé en mi memoria como símbolo de aquella pequeña aparición. Me ayudó a recordar a esa pequeña persona que guardamos todos en nuestro interior, y que algunos entierran rápidamente tras alcanzar cierta edad.

Es para mi algo estúpido cerrar súbitamente el cajón de ilusiones que se nos entrega con la tierna infancia. Es cierto que para vivir necesitaremos muchas cosas más que esta cajita, pero sin ella seguramente la vida sería mucho más dificil. Yo al menos, no quiero perderla. Cuando la cierras algo dentro de ti se apaga, y una parte de tu vida se oscurece. Seguramente, borrar un trozo de tu historia es la mayor mentira que alguien se puede hacer a sí mismo.

Sin ella seguramente yo sería incapaz de seguir sonriéndole a la vida. Incapaz de defender mi pequeño rincón perdido en el mar de mares. Sería un poco menos yo. No creo que sea infantil, en el tono despectivo de la palabra. Yo lo llamaría brillo, ganas, alegría, luz...vida. Todo eso es para mí vida, y un par de guantes rojos que ponerse por si la noche se viste de frío.