Se trata de mi rincón, perdido en el espacio y en el tiempo. No intenten buscar una lógica perfecta y entended que escribo lo que siento. Pueden ser círculos, cuadrados o triángulos que me retraten mejor en ese momento. Son las palabras las que mandan aquí.
lunes, 3 de septiembre de 2012
Rompiendo estrellas
No lo se. Ha pasado tanto tiempo que quizás olvide andar sin rozar el suelo, hablar sin atravesar cristales y sentir sin salir de dentro. Volveré a arañar los teclados en busca de alguna palabra que desgarre silencios de dentro, sin salir.
Una vez más vuelvo a ser un poco menos, y le pido la cuenta a los de alrededor por aquel suculento plato que pedí para cenar, y volvía a dejar a la deriva de esta historia caprichosa, sin maldad. Que paguen ellos. Pagando yo.
Me quedo otra vez dándole vueltas al mundo, como si sirviera de algo todo esto, como si fuera una fuga planeada a ninguna parte, como si volviera a chocar conmigo mismo. Que ya no me puedo dar cuerda. No por esta vez.
Que sí, joder, que hay un mundo ahí fuera para salir comérselo, pero me voy a volver a llevar la dentellada. Que sí, joder, que soy afortunado y todas esas locuras de los alegres desaforados y desencorchados, que no lo niego, pero prefiero la sombra de detrás de la piedra.
Parecía bonito eso del artista, parecía bonito eso de ser feliz, pero descubro con desagradable sorpresa, que la sonrisa se me quedó enganchada el otro día, en una foto del ayer, en una foto del jardín.
miércoles, 4 de julio de 2012
Ríos sentidos
Se le clavó la mirada del búho al
anochecer, y le desgarró el cajón de los sentimientos. El río salió de su cauce
para arrastrar el polvo de estrellas desprendido, tiñendo las aguas de un rojo
intenso, de un rojo susurro, del rojo de sus labios.
Solía maldecir su espíritu de trote
cansino y mirada curiosa pero inocente. Solía esconderlo bajo cerraduras
oxidadas y lo eclipsaba con el murmullo de los pájaros cuando huyen al sur, a África, buscándole un final a este planeta de plata.
Tenía las manos amoratadas de rozar
las mismas zarzas. Tenía los tobillos lastimados de pisar las mismas piedras.
Tenía atragantada la mirada espinosa de aquel primero de Abril. La tenía
dentro.
Había escupido al horizonte para que
no inventara más amaneceres. Había tachado los días de aquel calendario. Se
había disfrazado de azul olvido. Pero siempre aparecía, siempre, al torcer la
esquina de la indiferencia.
Dibujó un florero sin ilusión. Le arrancó las uñas al pincel. Se hizo un lavado de estómago, y las últimas mariposas que se hospedaban en él, cayeron mansamente en la hoja, en forma de versos.
Esperando que al anochecer, el búho le vuelva a clavar la mirada, con mejor suerte la próxima vez…
lunes, 11 de junio de 2012
Sueños caídos
A veces se preguntaba de qué color tejería los sueños la madrugada, y que pisadas del camino le harían despeñar. Se incorporó sin aire, e intentó respirar el último aliento de luna. Posado al borde de su cama, empezó a soñar que soñaba.
Soñaba con las mieles de una luz de sol acariciando su barbilla. Soñaba el cielo claro bañado en redes de tenues nubes que solo se acercaban a visitar. Soñaba con acariciar aquellos campos de centeno, acariciando sus tobillos y sus muñecas, bailando al ritmo de canciones del viento. Soñaba con descolgar los luceros de la noche y hacer brillar aquel mundo de muchos brazos y mentiras en paño. Soñaba y sonaba a tormenta alborotada.
Mientras, en la bola de cristal, los que no saben seguían creando aquel mundo artificial. Nieve semi-brillante y sonrisas semi-mortecinas embadurnaban las calles de aquel extraño olor a olvido. La gente, convertida en masa, se jugaba la vida por morir en un río de pocos peces y muchas trampas. Aquellos pasos acompasados creaban terror. Aquellas almas con dueño. Aquel arco de doble dirección.
Siempre deseó haber vivido en sueño y cuando soñaba vivía a sorbos la vida. Siempre soñó con bajar, sólo unos segundos, su sueño a aquel mundo, pero nunca tuvo calzador...
lunes, 14 de mayo de 2012
Promesas del viento
Todavía sigo aprendiendo a ser feliz, todavía tengo tiempo de explotar agujeros en mil pedazos y buscar razones. A veces no encuentro razones para mirar a la eterna luna cuando se viste de añil, pero sigue allí. No tiene sentido estancarme en tu sonrisa sin ni siquiera haberla admirado.
Puede que la anhelara como si no hubiera otra, pero creo que he aprendido a disfrutar de su embriagadora presencia sin caer en mentiras de cartón, sin esconderme entre hierbajos de amor. La melancolía es fantástica siempre y cuando no se te enrede en las manos. Daremos un paseo y le explicaré las millones de razones que existen para estar aquí. Porque hay un millón de razones para estar vivo, y no engañarme. Sé de primera mano lo que es tornar sonrisas en baldosas.
Ver tu cara en una foto y haber olvidado que sabías ser, estar, nacer, morir, crear y mirarle a la cara a la madrugada cuando trae el frío de nube gris. Que no, que ya no quiero pensarte como cuando andaba por caminos de alambre. Que no, que ya no voy a seguir susurrándole tsunamis al mar y llorarle a mi olvido. Que en los valles de lágrimas se ahoguen los que los crearon.
He puesto un pie en tierra para arrancar las notas que cogieron polvo en mi corazón, que se blindó de mañanas sin sol. Vuelvo a inventarme, y a acariciar livianamente las caras que siempre estuvieron a mi lado y corresponderles al fín, con hordas desesperadas de pájaros por alcanzar un horizonte común, y que se insinúa, más allá de donde yo anclé mi cárcel. No voy a comerme el mundo hoy quizás, ni mañana, pues esto que empieza a brotar hoy no son más todavía que palabras que perdieron tono y voz. Pero es el comienzo de otra verdad a la sombra de la sombra y el valor de pelear por unos sueños que se aletargaron en la garganta de mi esperanza. Hoy sueño con soñar.
sábado, 12 de mayo de 2012
Nublado en las nubes
Le gritó al sol que ahora salía, que le guardara unos segundos de calor con los que arropar su melancolía. Ella se levantó pausada y se liberó de las sábanas que le habían visto soñar, una noche más. En la mesilla se hallaban una rosa casi marchita y un retrato a medio hacer de aquel muchacho que llenaba su vida de esperanzas. Aunque él no lo supiera.
Se arrastró, bostezando, hasta el espejo más cercano y pudo admirar esa extraña belleza que envuelve a las mujeres a primera hora del día. Dibujó una sonrisa de las que esconde mil secretos. Dedicó un puñado eterno de minutos a escoger el conjunto del día y se apresuró a robar la ducha antes que el resto de sus familiares.
El agua comenzó a correr por su joven cuerpo y resbalar por aquella cabeza tan llena de sueños, locuras y algún que otro deseo no relatado. Se imaginó en algún paraíso lejano con aquel chico que se había echo un hueco tan grande en su vida que parecía ser protagonista de su vida. Un suspiro afloró desde su alma hasta sus labios, preguntándole al silencio miles de preguntas sin respuesta.
Abandonó, al fin, aquel lugar de sueños entre nubes. Abandonó aquel lugar con la duda de si sería el día, o un día más, en la espera. La espera de un día sin fin. Un día que no despierta.
martes, 17 de abril de 2012
Mareos
Corrientes. No puede ser que me arrastre por todas las esquinas. Creo que es ese ansia de crear que me empuja a esa carne blanda que encuentro por dentro. Brotan las letras con esa sombra gris. Siempre.
Se que esta ahí dentro mío, pero enserio, creo que también soplan vientos de felicidad. Quizás a veces los olvido en el ascensor, y otras los pierdo jugando a imaginar recuerdos, pero deben estar ahí. Enserio, creo que lo empecé a sentir. Pero soy una montaña que crece hacia adentro.
Dios, me hago realmente difícil. Alguna vez admiré a aquellos escritores que son capaces de envolver pedacitos marchitos de tristeza y amaneceres sin piel, y convertirlas en historias. Ahora ya no. Resulta más fácil olvidar la cabeza y posarla ligeramente a la sombra de un Nogal. Que me encuentre allí la tragedia donde ya no pueda encontrarme. No estar. Sin ser.
Que en mis búsquedas de originalidad me encuentro con el mismo muro de paja que he construido a conciencia. Soy de esa gente que puede hacer muros de paja indestructibles. Veo una nube sin forma avanzar volando al otro lado de la prisión. Deja una estela de colores sin sabor.
Sin quererlo, una vez más, la mano que me controla volvió a escribir la canción que quiso escribir. Vuelve a sonar extraño, a tormenta de Julio y a lluvia de almendras. Vuelve a sonar como siempre quise que sonara. Vuelve a sonar sin sal.
domingo, 15 de abril de 2012
Ya no hay viento
Sigo paseando por las paredes de mi corazón, y le susurro canciones de pocas notas y nulas melodías. Camino tranquilo al ritmo de unos latidos que amenazan con empezar a olvidarte. Creo que el olvido es el mejor camino a estas alturas en las que correr detrás de un sueño supone volar a 20 metros bajo tierra y seguir tu estela que me empuja a acantilados de mucha poesía y pocas razones.
Supongo que me visto de la risa tonta que se me ponía aquellos primeros días. Supongo que aunque me creo sombra se me ve claro, puro y débil. Justo como intento evitar parecer. Como decirte que eras canela ardiente sin que parezca poesía de la basura. Como decirte que estas, estuviste y estarás, pero me rompo en mil piezas que intento reconstruir. Que soy todo menos yo y todo te lo llevas, aunque siempre me dejabas estos zapatos de papel. Sólo con ellos me creía el dulce viento de la madrugada, capaz de rozar tus labios. Después, dolor a manos llenas, a manos sucias, a manos sin piel.
Sospecho que cada palabra que escribo esconde bandadas de estorninos que amenazan con huir lejos de aquí y reventar los tímpanos de la soledad en alegre canto, pero no será hoy. No será hoy. Que me cansé de de ser la sonrisa de espantapájaro. Siguen mis pies clavados en esta tierra que me ata cual serpiente de extraño poder. Y aún así me creo estar huyendo. No se de qué. No se de quién.
Que no quiero más. Que se acabó. Llegó la hora de callar tus silencios y seguir buscándome en otro lugar. Creo que te dejaste una lágrima en la mesilla. Era de plástico. Plástico como el que envolvían tus versos. Plástico que envolvía tu corazón. Seguiremos viéndonos, pero no nos cruzaremos. Seguiré escribiendo este Adiós hasta que me lo crea. Serás feliz. Sin mí.
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