lunes, 15 de octubre de 2012

Afilando soy




¿Por qué?
La verdad ni lo sueño, simplemente brota rozando mis paredes, acartonando la realidad.
No intento forzarlo ni creo más allá de lo poco que sumo de la nada que invento.
No sangro del vértice de ninguna ola, y tampoco existe bajo el espeso esperar.
No aparezco, cuchillo entre los dientes arrancando un pedazo de cielo, de sombra.
No aplauden rabiando sarnas, ni sueño con acantilados.
Ni creo montañas a las que encaramar mentes de altares en plazas.
Ni nada.

Solo siento que necesito vivir de estos bajos hornos que me susurran suspiros sumergidos.
Solo recreo aquel patio inacabado, hambriento de baldosas.
Solo cambio mi forma antes de aparecer desnudo ante mi.

Solo me sorprendo por el extraño reflejo de la madera blanca al arder, conmigo dentro.
Solo creer que nazco en un gris hedor a no ser, reflejado en algún lomo de raro acento.

Que no me entiendan. Para qué. Si esto se diluye en la gota de un sudor que nunca existirá.
Que no me sientan. Para qué. Si esto es el raro esbozo de la linea de mis pies.
Mejor que no me vean, que solamente estoy detrás de lo que nunca existirá.




martes, 18 de septiembre de 2012

Sin costillas
















Serviría solo son sorber, pero no tendría sentido.
Había arrancado a dentelladas, hasta el último latido.
Cubriría sus rodillas.

                              Pero no serviría.
Porque había marchado sin luz, el alud.
Enterrado, en lo más hondo encerrado.
Donde la esperanza inventa destrozos.


Por llegar tarde.
Tarde a la primavera que inventa saetas.
Tarde al sudor que baña sus poros.
Tarde a la mirada empañada.

                              Y subió.
Subió a la atalaya del severo atardecer.
Acarició los últimos rayos escupidos.
Se lanzó al pozo huracanado del aire vacío.

No cerró la puerta al caer.






lunes, 3 de septiembre de 2012

Rompiendo estrellas



No lo se. Ha pasado tanto tiempo que quizás olvide andar sin rozar el suelo, hablar sin atravesar cristales y sentir sin salir de dentro. Volveré a arañar los teclados en busca de alguna palabra que desgarre silencios de dentro, sin salir.

Una vez más vuelvo a ser un poco menos, y le pido la cuenta a los de alrededor por aquel suculento plato que pedí para cenar, y volvía a dejar a la deriva de esta historia caprichosa, sin maldad. Que paguen ellos. Pagando yo.

Me quedo otra vez dándole vueltas al mundo, como si sirviera de algo todo esto, como si fuera una fuga planeada a ninguna parte, como si volviera a chocar conmigo mismo. Que ya no me puedo dar cuerda. No por esta vez.

Que sí, joder, que hay un mundo ahí fuera para salir comérselo, pero me voy a volver a llevar la dentellada. Que sí, joder, que soy afortunado y todas esas locuras de los alegres desaforados y desencorchados, que no lo niego, pero prefiero la sombra de detrás de la piedra.

Parecía bonito eso del artista, parecía bonito eso de ser feliz, pero descubro con desagradable sorpresa, que la sonrisa se me quedó enganchada el otro día, en una foto del ayer, en una foto del jardín.


miércoles, 4 de julio de 2012

Ríos sentidos




Se le clavó la mirada del búho al anochecer, y le desgarró el cajón de los sentimientos. El río salió de su cauce para arrastrar el polvo de estrellas desprendido, tiñendo las aguas de un rojo intenso, de un rojo susurro, del rojo de sus labios.

Solía maldecir su espíritu de trote cansino y mirada curiosa pero inocente. Solía esconderlo bajo cerraduras oxidadas y lo eclipsaba con el murmullo de los pájaros cuando huyen al sur, a África, buscándole un final a este planeta de plata.

Tenía las manos amoratadas de rozar las mismas zarzas. Tenía los tobillos lastimados de pisar las mismas piedras. Tenía atragantada la mirada espinosa de aquel primero de Abril. La tenía dentro.

Había escupido al horizonte para que no inventara más amaneceres. Había tachado los días de aquel calendario. Se había disfrazado de azul olvido. Pero siempre aparecía, siempre, al torcer la esquina de la indiferencia.

Dibujó un florero sin ilusión. Le arrancó las uñas al pincel. Se hizo un lavado de estómago, y las últimas mariposas que se hospedaban en él, cayeron mansamente en la hoja, en forma de versos.

Esperando que al anochecer, el búho le vuelva a clavar la mirada, con mejor suerte la próxima vez…




lunes, 11 de junio de 2012

Sueños caídos



A veces se preguntaba de qué color tejería los sueños la madrugada, y que pisadas del camino le harían despeñar. Se incorporó sin aire, e intentó respirar el último aliento de luna. Posado al borde de su cama, empezó a soñar que soñaba.

Soñaba con las mieles de una luz de sol acariciando su barbilla. Soñaba el cielo claro bañado en redes de tenues nubes que solo se acercaban a visitar. Soñaba con acariciar aquellos campos de centeno, acariciando sus tobillos y sus muñecas, bailando al ritmo de canciones del viento. Soñaba con descolgar los luceros de la noche y hacer brillar aquel mundo de muchos brazos y mentiras en paño. Soñaba y sonaba a tormenta alborotada.

Mientras, en la bola de cristal, los que no saben seguían creando aquel mundo artificial. Nieve semi-brillante y sonrisas semi-mortecinas embadurnaban las calles de aquel extraño olor a olvido. La gente, convertida en masa, se jugaba la vida por morir en un río de pocos peces y muchas trampas. Aquellos pasos acompasados creaban terror. Aquellas almas con dueño. Aquel arco de doble dirección.

Siempre deseó haber vivido en sueño y cuando soñaba vivía a sorbos la vida. Siempre soñó con bajar, sólo unos segundos, su sueño a aquel mundo, pero nunca tuvo calzador...


lunes, 14 de mayo de 2012

Promesas del viento



Todavía sigo aprendiendo a ser feliz, todavía tengo tiempo de explotar agujeros en mil pedazos y buscar razones. A veces no encuentro razones para mirar a la eterna luna cuando se viste de añil, pero sigue allí. No tiene sentido estancarme en tu sonrisa sin ni siquiera haberla admirado.

Puede que la anhelara como si no hubiera otra, pero creo que he aprendido a disfrutar de su embriagadora presencia sin caer en mentiras de cartón, sin esconderme entre hierbajos de amor. La melancolía es fantástica siempre y cuando no se te enrede en las manos. Daremos un paseo y le explicaré las millones de razones que existen para estar aquí. Porque hay un millón de razones para estar vivo, y no engañarme. Sé de primera mano lo que es tornar sonrisas en baldosas.

Ver tu cara en una foto y haber olvidado que sabías ser, estar, nacer, morir, crear y mirarle a la cara a la madrugada cuando trae el frío de nube gris. Que no, que ya no quiero pensarte como cuando andaba por caminos de alambre. Que no, que ya no voy a seguir susurrándole tsunamis al mar y llorarle a mi olvido. Que en los valles de lágrimas se ahoguen los que los crearon.

He puesto un pie en tierra para arrancar las notas que cogieron polvo en mi corazón, que se blindó de mañanas sin sol. Vuelvo a inventarme, y a acariciar livianamente las caras que siempre estuvieron a mi lado y corresponderles al fín, con hordas desesperadas de pájaros por alcanzar un horizonte común, y que se insinúa, más allá de donde yo anclé mi cárcel. No voy a comerme el mundo hoy quizás, ni mañana, pues esto que empieza a brotar hoy no son más todavía que palabras que perdieron tono y voz. Pero es el comienzo de otra verdad a la sombra de la sombra y el valor de pelear por unos sueños que se aletargaron en la garganta de mi esperanza. Hoy sueño con soñar.


sábado, 12 de mayo de 2012

Nublado en las nubes



Le gritó al sol que ahora salía, que le guardara unos segundos de calor con los que arropar su melancolía. Ella se levantó pausada y se liberó de las sábanas que le habían visto soñar, una noche más. En la mesilla se hallaban una rosa casi marchita y un retrato a medio hacer de aquel muchacho que llenaba su vida de esperanzas. Aunque él no lo supiera.

Se arrastró, bostezando, hasta el espejo más cercano y pudo admirar esa extraña belleza que envuelve a las mujeres a primera hora del día. Dibujó una sonrisa de las que esconde mil secretos. Dedicó un puñado eterno de minutos a escoger el conjunto del día y se apresuró a robar la ducha antes que el resto de sus familiares.

El agua comenzó a correr por su joven cuerpo y resbalar por aquella cabeza tan llena de sueños, locuras y algún que otro deseo no relatado. Se imaginó en algún paraíso lejano con aquel chico que se había echo un hueco tan grande en su vida que parecía ser protagonista de su vida. Un suspiro afloró desde su alma hasta sus labios,  preguntándole al silencio miles de preguntas sin respuesta.

Abandonó, al fin,  aquel lugar de sueños entre nubes. Abandonó aquel lugar con la duda de si sería el día, o un día más, en la espera. La espera de un día sin fin. Un día que no despierta.